Según los especialistas, el deporte es sanador e integrador para las personas con discapacidad

Cada persona es diferente y es esa diferencia la que enriquece cada encuentro, la que hace que cada uno sea único y valioso. Por eso, no hay reglas sino que cada uno puede encontrar su propio camino para superar las adversidades y crecer.

En el Día Internacional de las Personas con Discapacidad, LA NACION buscó conocer diversos testimonios sobre cómo el deporte puede contribuir a mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidad. No hay reglas aplicables a todos por igual ni un deporte que sea el mejor para el común de las personas con determinada condición, sino que cada uno debe elegir la actividad -dentro o no del ámbito deportivo- que le permita desarrollarse de la mejor manera.

Así lo explicó el divulgador científico de Medihome y Médico Pediatra del Garrahan Eduardo Silvestre, para quien «hay que buscar lo que satisfaga a cada persona en particular porque cada uno tiene esquemas mentales sobre los cuales hay que trabajar. Al igual que hay que trabajar en lo físico, emocional y cognitivo».

Esto coincide con lo que planteó el entrenador de tenis adaptado Matías Tettamanzi, quien considera que a la hora de pensar un entrenamiento hay que considerar «las necesidades de cada jugador, mejorar sus puntos flojos y potenciar los que están fuertes».

El factor emocional a flor de piel

El entrenador del seleccionado argentino de bochas, Juan Leofanti, explicó que, como en todo deporte, «la parte anímica es clave. Sería ideal trabajar con un psicólogo deportivo pero no tenemos presupuesto. Por eso, desde mi lugar, estoy tratando de capacitarme lo más que puedo en manejo grupos. Es complicado porque tienen una carga emotiva muy fuerte por toda la situación que viven».Dr. Eduardo Silvestre, Divulgador Científico de Medihome y Médico Pediatra del Garrahan

En cuanto al factor de la auto superación como eje central del trabajo, comentó que depende «de la personalidad, independientemente de si está en silla de ruedas o no».

Lo mismo consideró Tettamanzi quien contó que organiza entrenamientos donde «los jugadores de tenis adaptado entrenan junto a los chicos de tenis convencional. Para mí las personas son todas iguales: una silla de ruedas no los hace distintos, es solo algo con lo que se desplazan: mi trato y exigencia es el mismo».

Gonzalo Vilariño -el actual entrenador de la Selección Argentina de Powerchair Football y ex entrenador de los Murcielagos– explicó que su rol «es estar al servicio, tratar de sacar lo mejor de cada uno a partir de sus posibilidades y exigirle como a cualquier deportista».

A partir de su experiencia, Vilariño señaló que «está buenísimo que la alegría y el sufrimiento se vivan a través del deporte porque ese es un espacio donde pueden enojarse y ponerse contentos como cualquier personas dejando de lado su discapacidad».

Por sus vivencias como entrenador de los Murciélagos, destacó que «si bien en los Murciélagos se me complicaba más explicar una táctica o establecer jugadas y tenía que buscar herramientas para que lo entiendan, tienen una mayor libertad y autonomía que los chicos de PowerChair porque se desenvuelven sin necesidad de que los ayuden. Estos últimos tienen una menor libertad de acción y necesitan un asistente constantemente, para que les preparen la silla, los acompañen al baño o comer. Esto tiene su parte positiva porque hace que las familias se involucren más porque son parte del crecimiento de los chicos como deportistas».

Un encuentro que transforma

Leofanti contó que comenzó a trabajar con personas con discapacidad motriz para ayudar a un amigo a prepararse para un torneo de bochas. «Empezó como una cuestión de amistad y ya hace 11 años que lo hago. El deporte me enamoró porque fue creado para las personas que no pueden hacer ningún otro, eso lo hace único porque lo más importante en el deporte no son los resultados sino el aprendizaje que se lleva uno».

Él, al igual que Vilariño, define esta experiencia como un aprendizaje, porque le hizo valorar lo que importa realmente y darse cuenta cuán afortunado es uno al ver la mirada agradecida que tienen los demás a pesar de sus adversidades. «Es una experiencia de vida más que deportiva. Me hacen ver el verdadero sentido de la vida, darle a cada cosa el espacio que realmente amerita», consideró el entrenador de PowerChair.

Por su parte, Tettamanzi afirmó que trabajar con deportistas con discapacidades le ayudó a comprender «la capacidad de adaptación del ser humano. Por suerte, pude entender que somos iguales, sentimos todos lo mismo, todos tenemos miedos y dificultades; lo lindo es aprender a superarlas y adaptarnos para ser lo mas felices que se pueda». Además, esta enseñanza lleva a su vida cotidiana le permitió entender que «el ‘no puedo’ no existe, todos podemos solo hay que descubrir cómo voy a poder».

Él incluso viajó a Río de Janeiro para vivir los Paralímpicos junto a la delegación de tenis adaptado: «Lo que pude vivir fue increíble porque siempre te encontrás con alguien que te sorprende como por ejemplo al ver las mil y un formas de manejar una silla de ruedas a motor o a otro comiendo con los pies. Es un lugar donde todo el mundo se esta superando y rompiendo todos los límites. Me permitió vivir momentos muy emocionantes como cuando le dan la bandera a Gustavo Fernández, a quien entreno hace ya 6 años, y sentir que todo lo que hicimos tenía su premio con el reconocimiento a él».

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