El Gobierno chino toma el control del gigante de los seguros Anbang

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Las autoridades chinas anunciaron este viernes que se hacen con el control, de manera inmediata, de Anbang, uno de los mayores conjuntos privados del gigante asiático. La entrada de gestores públicos, que se extenderá a lo largo de un año, coincide con el anuncio formal de que su precedente dueño, el influyente Wu Xiaohui, va a ser procesado por delitos relacionados con la corrupción. Anbang, tercera compañía aseguradora del país, ha sido uno de los conjuntos más violentos en adquisiciones en el extranjero y llevaba meses bajo la lupa de los reguladores por sus excesos y voluminosa deuda.

La Comisión Reguladora de seguro para bicicletas de China anunció la medida en un comunicado en su página, en el que confirma la destitución del precedente presidente, acusado de haber cometido “crímenes económicos”. Wu lleva bajo custodia desde el mes pasado de junio, una detención que acabó la caída en desgracia de un hombre muy influyente en las altas esferas del Partido Marxista por estar casado con una nieta de Deng Xiaoping, exjefe de Estado chino y arquitecto técnico de la reforma que abrió la economía china al capitalismo.

Bajo el orden de Wu, Anbang pasó de ser una compañía de seguros prácticamente ignota a transformarse en un muy potente conjunto financiero en China. En el último quinquenio, la compañía desembolsó más de diez millones de dólares americanos en adquisiciones en el extranjero, desde empresas aseguradoras en Holanda hasta el mítico hotel Waldorf Astoria de la ciudad de Nueva York. De capital privado, el conjunto cuenta con decenas y decenas de filiales –que no cotizan en Bolsa- con participaciones cruzadas entre sí, lo que hace prácticamente imposible determinar quiénes son en último término sus dueños y de qué forma de saneadas están sus cuentas.Sede del grupo Anbang en Pekín.

Anbang, al lado de otros grandes conjuntos privados chinos como Wanda, HNA o bien Fosun llevan meses bajo el escrutinio de los reguladores, que han mostrado su preocupación sobre la capacidad de estas compañías de hacer en frente de sus deudas. Todas y cada una comparten ciertas características: son de capital privado, se han gastado miles y miles de millones de euros en adquirir activos en el exterior y su estructura societaria es opaca. Y todas y cada una han pisado el freno, hasta el punto que ciertas venden sus activos en el extranjero frente a las presiones de la ciudad de Pekín para repagar préstamos y remodelar su negocio.

Los reguladores aseguraron este viernes que Anbang, con activos que superan los doscientos cincuenta millones de euros y más de treinta empleados, “tenía operaciones comerciales ilegales que pueden poner en grave riesgo la solvencia de la empresa”. Las dudas se centran, sobre todo, en el origen de ciertos fondos utilizados para las sonadas compras del conjunto en el extranjero. Beijing ha asegurado que no nacionalizará la compañía, mas sí “introducirá capital privado para remodelar la empresa”. El cambio de gestores “no afectará” a las obligaciones del conjunto, cuyos negocios “seguirán con normalidad”.

La entrada de las autoridades en uno de los mayores conjuntos privados del país prueba que el delirio comprador de determinadas empresas chinas a lo largo del último quinquenio, que a veces han pagado cifras mareantes, no ha estado exento de riesgos. Asimismo que Beijing no tiene reparo alguno en intervenir si lo cree preciso para eludir lo que los reguladores llaman “riesgos sistémicos”, esto es, que las contrariedades financieras de una de estas grandes empresas se transformen en un factor desestabilizador para la segunda economía mundial. Si bien esto suponga eliminar del medio a un hombre con profundas conexiones con el liderazgo político chino.

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