Cuidados para estar a la altura

Nieve, viento y un sol parcialmente más próximo. En la montaña, todos estos factores conspiran contra la salud de la piel más de lo que muchos imaginan. Y si en la playa prácticamente absolutamente nadie olvida el protector solar, en el momento de esquiar las cautelas son tanto o bien más precisas.

La radiación y el viento

La nieve refleja hasta un noventa por ciento la radiación solar. De ahí que, en la montaña uno recibe la luz solar desde arriba y asimismo desde abajo, desde exactamente la misma nieve. A esto hay que sumarle la notable altura de la montaña: la radiación es más fuerte todavía por el hecho de que se acorta la distancia que recorren los rayos del sol.

La radiación ultravioleta aumenta con la altitud en torno a diez por ciento por cada quilómetro de altura. En la playa, la arena refleja un quince por ciento los rayos y el mar un veinticinco por ciento , o sea, mucho menos que la nieve. Mas con un cielo despejado en verano, el índice de radiación ultravioleta es mayor.

El viento le resta duración al protector solar. Acelera asimismo la evaporación de la humectación. Y reduce la sensación de calor, lo que hace que uno pase más tiempo al aire libre, sin percatarse de que se está chamuscando. Para colmo, un viento fuerte y frío desgasta la vascularización cutánea, lo que causa resequedad y engrosamiento de la piel.Image result for dermatologia

Los chicos, primero
En la piel de los más chicos el sistema natural de protección no está desarrollado, con lo que el daño solar es máximo y acumulativo. Un dato: a los dieciocho años, el promedio de las personas ya se expusieron al ochenta por ciento del total de las radiaciones solares que van a recibir en toda la vida. «La adecuada protección desde la niñez va a reducir el peligro de desarrollar cáncer de piel en la adultez», resalta Ezequiel Chouela, dermatólogo miembro de Clinica Lemel.

«Todos estos factores secan la piel, generan fotodaño y aumentan la liberación de radicales libres. Todo eso es homónimo de envejecimiento», advierte Irene Bermejo, dermatóloga, asimismo de la Sociedad Argentina de Dermatología. Cuando no se toman los recaudos precisos la radiación puede ocasionar máculas y lesiones cutáneas. Atención pues son cada vez más los casos de lesiones premalignas y malignas.

Mejor prevenir
«Emplear protector solar de extenso fantasma (UVA y UVB) con FPS de treinta por lo menos. ¿Qué cantidad? Calcular una cucharadita para cubrir todo el semblante, aplicándolo media hora ya antes de la exposición. No olvidarse de orejas, nuca, cuello y toda piel que quede expuesta. Rememorar que incluso en días nubosos la nieve refleja el sol, con lo que hay que utilizar siempre y en todo momento el protector. Y reaplicar cada 2 horas», aconseja Velia Lemel, dermatóloga miembro de la Sociedad Argentina de Dermatología. En labios, barra protectora con FPS treinta o bien más, y emplear gorro que cubra bien la cabeza (pasamontañas si hay mucho viento) y guantes. Seleccionar quevedos de sol de calidad, de forma envolvente con grandes marcos para cubrir ojos, párpados y contorno de ojos. Tomar 2 litros de agua diarios para eludir deshidratación.

Es conveniente, asimismo, consumir comestibles ricos en ácidos grasos omega tres (como salmón, sardinas, semillas de lino) para sostener la piel hidratada desde adentro. Y rebosantes frutas y verduras para combatir los radicales libres causados por el sol, el viento, el frío y la polución.

Para humidificar la piel decantarse por cremas con antioxidantes, vitamina liposoluble de tipo A, C y Y también, Q diez, selenio y reverestrol. Tras esquiar utilizar crema, emulsión o bien gel postsolar con vitamina liposoluble de tipo E para arreglar tejidos y refrescar.